lunes, 3 de noviembre de 2025

 


DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA...

  • El versículo 11 del capítulo 6 de San Mateo contiene la cuarta petición del Padrenuestro, y dice así: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.

  • La palabra pan se emplea en las Escrituras como sinónimo de sustento corporal. Todo lo que sirve para el sustento corporal se expresa a veces de modo genérico con la palabra pan, que es lo que pedimos en el Padrenuestro para el día de hoy.

  • ¿Por qué no para siempre o, al menos, para mañana?

  • Para que nuestra oración estuviera llena del espíritu del Sermón de la Montaña, en que se nos recomienda que no andemos solícitos por la comida o por el vestido, sino que llenos de confianza vivamos pendientes de nuestro Padre Celestial.

  • Jesucristo, nuestro Divino Maestro, nos enseñó a pedir de modo que no hubiera en nuestra oración solicitud desordenada por las cosas temporales, limitando nuestras peticiones al momento presente y dejando el mañana en las manos de Dios.

  • Decía San Pablo a su discípulo Timoteo: “Teniendo qué comer y con qué cubrirnos, eso nos basta...”(1Tim.6,8-9)

  • Algunos piensan que esta petición se refiere al sustento espiritual y principalmente a la Eucaristía.

  • La respuesta a semejante cuestión no es dudosa ya que, sin ningún género de duda, se refiere al sustento corporal.

  • La primera razón está en la tradición eclesiástica, pues la inmensa mayoría entienden estas palabras como sustento material, aunque lo de espiritual provenga del uso del Padrenuestro en la Santa Misa de los tiempos antiguos.

  • Examinando atentamente el Santo Evangelio, se ve que estas palabras de Nuestro Señor se refieren exclusivamente al sustento corporal.

  • Pero es más; nosotros cuando pedimos el sustento espiritual, ¿podemos contentarnos con pedir los bienes espirituales necesarios para el momento presente, o tenemos la obligación de preocuparnos de pedir al Señor lo que hemos de necesitar en toda nuestra vida?

  • Cuando se trata del bien espiritual de nuestra alma, tenemos la obligación de andar hambrientos y sedientos, de pedir sin medida y con una santa codicia.

  • Pero cuando se trata de cosas materiales, estamos obligados a pedir a Dios con desprendimiento, parcamente, con abandono en sus manos y a contentarnos con el sustento preciso para el día de hoy, porque eso es demostrar desprendimiento de las cosas terrenas y abandono en las manos de Dios Nuestro Señor.

  • Si hubiera querido el Señor hablarnos aquí del sustento espiritual, ciertamente no nos hubiera mandado pedirlo con las palabras “dánosle hoy”, sino más bien con estas otras: “dánosle siempre”.

  • Cuando rezamos el Padrenuestro no podemos prescindir de recordar la miseria en que se encuentran muchos de nuestros hermanos; y al pedir a Dios por las miserias temporales de los que se llaman hermanos nuestros, hemos de pedir para ellos el pedazo de pan que cada día necesiten.

  • Es practicar la caridad, sabiendo que existen almas atormentadas por miserias materiales, y se pide a Dios el remedio de ellas.

  • Dios, en su misericordia infinita, oirá nuestra petición y nos otorgará el pan cotidiano que pedimos para nosotros y para nuestros hermanos como obligado viático de nuestro penoso camino hacia el Cielo.

AMOR, UNIÓN Y PAZ

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)

  • M.S.G. 2-11-25 – CONTINUAREMOS CON: “...PERDONA NUESTRAS...

 


...HÁGASE TU VOLUNTAD 2ª PARTE

  • Algunos pueden pensar que los ángeles pecaron, por lo que en el Cielo también se puede pecar. Es una confusión.

  • El Cielo de que habla el Padrenuestro es la visión de Dios y eterna bienaventuranza, y los ángeles cuando pecaron, no habían alcanzado esa visión Divina;

  • por lo tanto, no poseían el Cielo de que aquí se trata, si lo hubieran poseído, no hubieran podido pecar.

  • Ni un ápice, ni un átomo de la voluntad Santísima de Dios se pierde allí.

  • La voluntad de los bienaventurados, como transformados en la de Dios, se une, se identifica con ella de tal suerte, que cuanto Él quiere y como Él lo quiere se realiza puntualmente.

  • Aquí en la tierra, para hacer la voluntad de Dios, tenemos que luchar con nosotros mismos, venciendo las tentaciones de pecado. ¿Quién lo consigue?

  • El absoluto dominio de las pasiones que tenía Cristo Jesús, y que Él otorgó a su Madre Santísima, ¿quién lo alcanza?

  • En el Cielo no hay esa lucha. En el Cielo, la voluntad de Dios se cumple sin contradicción y sin lucha.

  • Los bienaventurados sienten inmensa felicidad de ver glorificado a Dios. Se cumple su voluntad no solo en lo que Dios manda, sino en todas las manifestaciones de ello, y se cumple poniendo la criatura su propia felicidad en ese cumplimiento.

  • ¿Qué pedimos a Dios? Pedimos que su voluntad santísima se cumpla siempre con rendimiento, generosidad y amor.

  • Se cumpla para que los hombres guardemos los mandamientos, para que nos dejemos gobernar por el querer de Dios, aunque para cumplirla tengamos que soportar duros combates.

  • Viéndonos a nosotros mismos tan lejos de nuestro ideal Divino, y viendo tan lejos a los demás, ¿cómo no repetir incesantemente, “Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo.”

AMOR, UNIÓN Y PAZ

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)

  • M.S.G. 30-10-25 – CONTINUAREMOS CON: “...EL PAN NUESTRO...


 

 


...HÁGASE TU VOLUNTAD… (1ª PARTE)

  • Seguimos con Mateo, que nos dice en (6,10): “Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo.”

  • Primero, conviene hacer algunas indicaciones acerca de la voluntad Divina. La voluntad de Dios se identifica con su Naturaleza; no hay como en nosotros una naturaleza y una voluntad, sino que, en Dios, voluntad y naturaleza son una misma cosa.

  • En Dios no puede concebirse la multiplicidad y sucesión de actos. El acto de la voluntad de Dios se identifica con la misma naturaleza de Dios como se identifica la voluntad.

  • Nosotros, para conocer a Dios con la lumbre de la razón, nos valemos de las huellas de Dios en las criaturas, y por sus perfecciones, suprimiendo los defectos, llegamos a un conocimiento analógico de Dios, su Criador.

  • Ya los santos se encontraban con esta dificultad y decían que más bien sabemos de Dios lo que no es que lo que es, porque nuestros conceptos acerca de Él son tan imperfectos, que solo como muy de lejos nos dan noticias de las Divinas perfecciones.

  • O sea, que más allá de lo que nosotros conocemos, hay mucho más por conocer de Dios.

  • Por analogía con la voluntad humana, tratamos de formarnos un concepto de la voluntad de Dios, y como ese acto único de voluntad inmutable y eterna que hay en Dios tiene toda la eficacia y toda la fecundidad que tiene la muchedumbre de actos que hay en nosotros, tenemos que ir entendiendo por partes,

  • es decir, por conceptos parciales, y encontramos que podemos hablar de la voluntad de Dios de distintas maneras.

  • Y así podemos ir descubriendo diferentes actos, por ejemplo, cuando Dios manda, aconseja o exhorta a los hombres, no los transforma como seres inertes o como autómatas, según su querer Divino;

  • porque en los planes de la voluntad Divina está que el hombre tienda libremente a su fin, y Dios no quiere destruir la libertad que Él nos dió.

  • En el Cielo se hace de tal manera la voluntad de Dios, que puede y debe servir de modelo a los que moramos en la tierra.

  • Allí, jamás se ofende ni se puede ofender a Dios; en el Cielo de tal modo está sujeta la criatura a la voluntad Divina, que jamás se cometerá allí ni podrá cometerse pecado.

  • Algunos pueden pensar que los ángeles pecaron...

AMOR, UNIÓN Y PAZ

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)

  • M.S.G. 26-10-25 – CONTINUAREMOS CON: “...HÁGASE TU VOLUNTAD…” (2ª PARTE)


 


...VENGA TU REINO...

  • El versículo 10 del capítulo 6 de San Mateo empieza con la segunda petición del Padrenuestro: “venga tu Reino”.

  • ¿Qué es el Reino de Dios? Si lo miramos a través de los Libros Santos, veremos que es lo contrario de los reinos que pueden establecerse entre los hombres.

  • El Apóstol San Pablo, describe en la carta a los Romanos, el reino del pecado, el de la muerte y el de la carne, para mostrar cómo Cristo Nuestro Señor los venció y destruyó, estableciendo su propio Reino.

  • Pablo, en el resto de sus epístolas, también canta los triunfos del Redentor. En pasajes de sus cartas contrapone el reino de la Luz al reino de las tinieblas.

  • El Reino de Dios no se ha revelado de una vez, como relámpago instantáneo, sino que lenta y gradualmente se ha ido manifestando en la historia a través de las Sagradas Escrituras, se ha ido desarrollando en el seno de la humanidad, hasta la plenitud del Evangelio.

  • Establecer el Reino de Dios entre los hombres fue la misión que trajo a la tierra el Verbo Divino. Todo lo desarrolló para que Dios reinara entre nosotros.

  • Todo en la Revelación es preparación, descripción, historia, promesa o alabanza del Reino. Si resumimos todos nuestos conocimientos de la Revelación, veremos que la síntesis más completa la encontramos en las palabras, REINO DE DIOS.

  • Venga tu Reino” es pedir a Dios que ese abismo de Misericordia suyas que se nos descubre en la Revelación, las riquezas infinitas que Jesucristo nos trajo, llenen los corazones humanos.

  • Que reine Dios de lleno en todo, realizando sin obstáculos sus designios Divinos.

  • El reinado del Corazón de Jesús es la gran devoción de los tiempos presentes, es la expresión que ha tomado ahora el Reino de Dios.

  • No podemos comentar esta petición, sin que al mismo tiempo nos acordemos de ese Corazón Divino y le pidamos que definitivamente reine aquí en la tierra.

  • En los últimos tiempos el mundo se ha enfriado en el amor de Dios. Los principios de la Fe han sido suplantados por filosofías desviadas; los preceptos morales, tienden a entronizar la libertad de la carne.

  • La vida pública de las naciones ha decaído tanto que ha acabado por ser el reverso de los grandes siglos cristianos. Es necesario una Evangelización profunda que vuelva a restablecer y dignificar el REINO DE DIOS.

  • Que el Señor nos conceda la victoria. Que Él reine en nosotros aquí en la tierra, para que luego reinemos con Él en el Cielo.

AMOR, UNIÓN Y PAZ

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)

M.S.G. 23-10-25 – CONTINUAREMOS CON: “...HÁGASE TU VOLUNTAD...

 

 


...SANTIFICADO SEA TU NOMBRE...


  • Las peticiones del Padrenuestro empiezan con las palabras “santificado sea tu nombre”.

  • San Agustín afirma que en la divina oración del Padrenuestro no sólo se piden todas las cosas que rectamente podemos desear, sino que se piden por el orden que deben pedirse.

  • Según esta oración, debemos ordenar los afectos de nuestro corazón. Primero debemos desear nuestro fin y luego las cosas que al fin conducen. Nuestro fin es Dios, y por eso a Él se han de dirigir nuestros deseos ante todo lo demás.

  • Si tenemos verdadero conocimiento de Dios, veremos, como se ven las verdades más evidente, que su Gloria Divina es lo primero. Y si amamos sinceramente a Dios, la primera solicitud de nuestro corazón ha de ser también su Gloria.

  • La Iglesia nos explica las maneras que Dios se manifiesta a los hombres: La Creación, La Revelación contenida en las Sagradas Escrituras y la misteriosa iluminación con que Él se digna darse a conocer de un modo íntimo a las almas.

  • Nosotros lo expresamos con una simplificación usando la palabra Nombre. El Nombre nos dice y no nos dice lo que es Dios.

  • Nos lo dice, porque lo que conocemos de Dios, mediante la múltiple manifestación Divina, es verdad. No nos lo dice, porque Dios es infinitamente más de cuanto nosotros somos capaces de conocer.

  • El verbo santificar, tomado en su significación bíblica, sugiere el conocimiento y reverencia del nombre de Dios.

  • La expresión plástica de este sentido la encontramos en la visión de Isaías: “...los serafines cantaban a coro: Santo, Santo, Santo el Señor de los Ejércitos, llena está toda la Tierra de su Gloria...”(Is.6,1-4)

  • Las aclamaciones de esta sublime visión son la santificación del nombre de Dios que tiene lugar en el Cielo y a cuyo ejemplo ha de ser la de la Tierra.

  • Así ha de desear cada alma santificar el nombre de Dios, y así ha de pedir que lo santifiquen todas las criaturas.

  • Al pedir a nuestro Padre Celestial que su nombre sea santificado, nos recordamos a nosotros mismos la obligación que tenemos de santificarlo con toda nuestra vida.

  • Pensemos, si nuestra vida es así, si en efecto nuestros hermanos, viendo nuestras obras buenas, se ven forzados a glorificar a Nuestro Padre que está en los Cielos.

  • Y si no es así, recordemos la queja amarga que por boca de Isaías nos dirige el Señor: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí.” (Is.29,13)

  • Esta es la gigantesca labor apostólica, llevar el nombre de Dios hasta los confines de la Tierra, función que le adelantó a Ananías de la misión que tenía preparada para Saulo “...para llevar Mi Nombre delante de todas las naciones...”(Hch.9,15).

  • Continuamente se alza el clamor de esa glorificación en el seno de la Iglesia.

  • Pero el acento más puro de esos clamores es aquel que decía el Señor a Ananías, hablando de Saulo (Pablo): “Yo le haré ver cuántos trabajos tendrá que padecer por Mi Nombre” (Hch.9,16)

  • ¿Cómo repetimos nosotros la primera petición del Padrenuestro? ¿Decimos con ella a Dios el enojo y rutinario hastío de un corazón que solo sabe arrastrarse por la tierra? ¿Lleva quizá los latidos delicados de un corazón puro? DIOS LO SABE. Pero bueno será que nos lo preguntemos.


AMOR, UNIÓN Y PAZ

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)


M.S.G. 19-10-25 – CONTINUAREMOS CON: “...VENGA TU REINO...