miércoles, 18 de marzo de 2026

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (25)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (25) (Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”) CONTINÚA: EL SACERDOCIO. 4. Predicación privada por parte de los fieles. Intimamente unida al Sacerdocio está la predicación del Evangelio. De ahí que todo católico a imitación de los primeros cristianos —según nos narran los Hechos do los Apóstoles— debería estar poseído siempre de una inmensa alegría por «su esperanza», y entusiasmado con comunicar a cuantos tratase la belleza de su fe. Eso debería hacerlo todo católico como por instinto, al vivir plenamente su fe. Pero otra cosa es la predicación oficial de la Iglesia, respaldada por la autoridad de Cristo. Esa predicación compete a la Jerarquía, encargo que ha recibido a una con los demás poderes divinos de santificación y gobierno recibidos del Señor. 5. ¿El Protestantismo tiene misión legítima de Cristo para predicar el Evangelio? 1º. Necesidad de misión divina para predicar el Evangelio. En la Iglesia de Dios nadie puede predicar oficialmente el Evangelio sin estar autorizado para ello. La razón es muy sencilla. El que se presenta para enseñar o predicar las verdades de la fe, lo hace como embajador o enviado divino: «somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros... » (2 Cor 5, 20). Mas, todo embajador necesita legítima misión de su soberano o gobierno. El Apóstol San Pablo hace notar la necesidad de recibir de Dios la misión de enseñar el Evangelio: «Y ¿cómo predicarán si no son enviados...?» (Rom 10, 15). Nadie, pues, está autorizado para predicar oficialmente en nombre de Dios sin ser enviado por Dios. El mismo Jesucristo es enviado por el Padre. Y El envía a sus Apóstoles, comunicándoles los poderes recibidos de su Padre celestial: «...Como el Padre me envió, también os envío Yo.» (Jn 20,21) 2º. Los protestantes no han recibido misión divina de predicar el Evangelio. Ahora bien; los fundadores del protestantismo, lo mismo que sus actuales pastores, ¿de quién han recibido la misión de predicar el Evangelio? Para hacer reflexionar a todos los protestantes pasados y presentes, basta plantearles la cuestión que el gran apologista Tertuliano (siglo II) planteaba a los innovadores de su tiempo: «Ouiénes sois vosotros y de dónde venís? Al principio estabais en el seno de la Iglesia Católica. Al separaros de ella, ¿quién os dio la misión de predicar esas nuevas doctrinas? Todo aquel que habla en nombre de Dios, debe ser enviado por Dios. Probad, pues, vuestra misión.» (De praescriptione, Obra de Tertuliano para combatir la herejía, (aprox. Año 155). SEGUIRÁ, CON EL CELIBATO.- M.S.G. – 19-3-26.

martes, 17 de marzo de 2026

FE CATÓLICA - CURSO.14.19.1 - 16-3-26

16-3-26- 19ª LECCIÓN - DEL CURSO, PONENTE: ADOLFO GALÁN - 2025/2026: CURSO 14.19.1 - SE ESTÁ DANDO EL EVANGELIO DE SAN JUAN, HOY CAP. 13 Y 14 ENSEÑANZA GRATUITA TODOS LOS LUNES. Del 13 de Octubre al 8 de Junio. Desde las 7 de la tarde. (6:15 Misa) LUGAR: C/ Sagasta 28 2º. (Metro Alonso Martínez). Más Información: 660 171 585 – 660 919 765 PÁGINA: https://www.fecatolica.es M.S.G. 

lunes, 16 de marzo de 2026

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (24)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (24) (Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”) • CONTINÚA, EL SACERDOCIO: • ACLARACIONES: • 1. Jesucristo creó el sacerdocio católico. • Jesucristo envía a unos hombres a todo el mundo con sus propios poderes de enseñanza, perdón y santificación —de mediación entre Dios y los hombres—como él lo había realizado y en continuación de su Obra. Es equivalente a decir que instituyó el sacerdocio cristiano. Y esto lo realizó, cuando dio a sus Apóstoles el poder de ofrecer el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre: «Esto es mi Cuerpo, esto es mi Sangre; haced esto en conmemoración mía...» (Vea Lc 22,19-20; 1 Cor 11,23-25.) Más tarde, les confirmó el poder de perdonar los pecados: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» Jn 20,22-23). Y finalmente les encomendó la misión de predicar, diciéndoles: «ld por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15). • 2. Perpetuación del sacerdocio católico. • Este sacerdocio visible del Nuevo Testamento, establecido por Jesucristo en la persona de sus Apóstoles, no podía cesar en manera alguna con la muerte de ellos; porque Jesucristo instituyó los medios de salvación, no solamente para los tiempos apostólicos, sino para todos los tiempos hasta la consumación de los siglos (Mt 28, 20). • Debía ser transferido a sus sucesores. Efectivamente, el Evangelio debía ser predicado no solamente a los fieles de los tiempos apostólicos, sino a todos los hombres de todos los siglos. Sin embargo, los Apóstoles no recibieron el don de la inmortalidad; debían un día morir. Por consiguiente, el ministerio a ellos confiado debía pasar a sus legítimos sucesores. • Según este principio innegable, el sacerdocio cristiano debía durar hasta el fin del mundo; por lo cual, al morir los Apóstoles, debían reemplazarlos sus legítimos sucesores en el oficio sacerdotal. Y en efecto, la historia demuestra que los Apóstoles transmitieron a otros la misión que habían recibido de Jesucristo, estableciendo, doquiera predicaban, Obispos que los reemplazaran y sucedieran (Hch 14,23). Después que se ahorcó Judas, eligieron a Matías para que ocupara su lugar (Hch 1, 15ss). San Pablo instituyó a Timoteo Obispo de Efeso, y a Tito Obispo de Creta. Y en su carta a este último le encarga que perpetúe su ministerio estableciendo otros pastores (Tit 1,5), como también parece claramente decírselo a Timoteo (2 Tim 2, 2). Este oficio y poder sacerdotal es conferido por medio del sacramento del Orden, al cual hacen referencia los textos de la Biblia arriba citados. • 3. Sacerdocio ministerial y sacerdocio universal de los fieles. • Pero es también cierto que los fieles de Cristo participan —aunque de otro modo— del Sacerdocio del Señor. Por su Fe, su consagración a Cristo por el Bautismo, y por su adhesión a la Jerarquía de la Iglesia —y viviendo en gracia—, están injertados vitalmente en el Cuerpo Místico de Cristo, y participan de la naturaleza divina. Por tanto se incorporan a la acción que, oficialmente, realiza el sacerdote en el Sacrificio del Altar, y tienen la posibilidad de ofrecerse también ellos mismos como hostias santas, y agradables a Dios (Rom 12, 1). En esta idea insiste reiteradamente el Concilio Vaticano II. • SEGUIRÁ. CON LA PREDICACIÓN PRIVADA DE LOS FIELES.- M.S.G. – 17-3-26.

domingo, 15 de marzo de 2026

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (23)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (23) (Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”) • CONTINÚA: • 8. EL SACERDOCIO • ENSEÑANZAS PROTESTANTES • I. Jesucristo no puso Obispos para regir su Iglesia. Jesucristo no dio a los Apóstoles el poder de ordenar sacerdotes; por consiguiente, el llamado sacerdocio cristiano no ha sido instituido por Jesucristo. • II. Cualquiera que esté lleno del espíritu evangélico es verdadero sacerdote de Cristo, y puede predicar su Evangelio, sin necesidad de pasar por esas ceremonias llamadas «ordenación», ni de ser enviado por Papa u Obispo alguno. • ENSEÑANZAS CATÓLICAS.—RESPONDE LA BIBLIA • I. «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual OS HA PUESTO EL ESPÍRITU SANTO COMO OBISPOS PARA PASTOREAR la Iglesia de Dios, que él se adquirió con su propia sangre.» (Hch 20, 28) • «Por esto te recomiendo que reavives EL CARISMA DE DIOS QUE ESTA EN Ti POR LA IMPOSICIÓN DE MIS MANOS.» (2 Tim 1,6) • «No descuides EL CARISMA QUE HAY EN Ti que se te comunicó... MEDIANTE LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS del Colegio de Presbíteros.» (1 Tim 4,14) • CONSECUENCIA: San Pablo recuerda a Timoteo que él le impuso las manos para consagrarlo sacerdote y obispo; y a continuación de él, lo hicieron los demás presbíteros (tal y como hoy se sigue haciendo en la Iglesia católica). Luego es señal de que existe el sacerdocio cristiano para enseñar, gobernar y santificar. San Pablo, como Apóstol, tenía poderes episcopales y los transmite a su discípulo Timoteo. Como se ve hablamos en conjunto, sin distinción alguna, del sacerdocio católico, incluyendo Obispos y Presbíteros. No entramos en el posible cambio de valor de las palabras entonces y hoy. • II. «Porque todo Sumo Sacerdote ES TOMADO DE ENTRE LOS HOMBRES, y está puesto en favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios PARA OFRECER DONES Y SACRIFICIOS por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y NADIE SE ARROGA TAL DIGNIDAD SINO EL LLAMADO POR DIOS, LO MISMO QUE AARON.» (Heb 5,14) • CONSECUENCIA: Esto lo afirma la carta a los Hebreos partiendo del sacerdocio de Aaron, pero aplicándolo a todo sacerdocio. Y piénsese la forma en que actuó San Pablo «ordenando» a su discípulo Timoteo, mediante la imposición de las manos, como hemos visto en el número anterior. (2 Tim 1, 6) • SEGUIRÁ CON LAS ACLARACIONES.- M.S.G. – 15-3-26.

jueves, 12 de marzo de 2026

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (22)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (22) (Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”) • CONTINÚA: “La Misa, Sacrificio” • Pero añadamos, sin embargo —y esto es lo importante—Su reiteración no añade ningún nuevo valor al Sacrificio de la Cruz. Al contrario, recibe de él toda su eficacia y su sentido. No tiene valor independiente de la Cruz, sino totalmente participado y dependiente de ella, hasta el punto de que si—por un absurdo—el Sacrificio de la Cruz no hubiera existido, la Misa, tal como de hecho ha sido instituida por Jesucristo Nuestro Señor, no sería tampoco sacrificio. • 3. Enseñanza oficial de la Iglesia en el Concilio de Trento. • «Es uno y el mismo sacrificio, uno y el mismo el que se ofrece por manos de los sacerdotes y el que se ofreció entonces en la Cruz; solamente el modo de ofrecerse es diferente. Pues en el Sacrificio de la Misa es ofrecido de un modo incruento el mismo Cristo, que se ofreció en el altar de la Cruz de un modo cruento» (Sesión XXII, c. 2). • Ni aun la circunstancia de que en la Cruz se ofreció Cristo, por decirlo así, por sus propias manos, mientras que en la Misa se ofrece por manos de los sacerdotes, establece diferencia alguna esencial entre el uno y el otro Sacrificio, puesto que en ambos es Jesucristo el oferente; así como el que da una limosna por mano de otro, es siempre el mismo quien propiamente da la limosna. • Siendo, pues, ambos sustancialmente el mismo sacrificio, síguese necesariamente que el uno y el otro son de un valor infinito; y que, por consiguiente, nada hay más santo, nada más agradable a Dios, que el Santo Sacrificio de la Misa. • 4. Advertencia Importante. • No ha de extrañarnos que en el Nuevo Testamento no se subraye con mayor claridad la idea de sacrificio en la celebración de la Eucaristía, Fracción del Pan o Cena del Señor. Es una idea más elaborada, más complicada, que en un principio no se puso a discusión. • Pero es profundamente significativo, que quienes en la Iglesia empezaron a reflexionar algo más filosóficamente sobre los hechos, los escritores cristianos de los primeros siglos, están unánimes en afirmar que la Misa es «sacrificio.» • Más aún; los escritos de los siglos I y II (el libro llamado «Didajé» y las obras de San Justino y San Ireneo) nos afirman rotunda e insistentemente dos cosas: 1º. La Misa es Sacrificio. 2º. La Misa es el cumplimiento de la profecía de Malaquías: «Pues desde el levante del sol hasta el poniente grande es mi Nombre entre las naciones; y en toda lugar se ofrece incienso a mi Nombre y una Oblación pura, porque grande es mi Nombre entre las naciones, dice el Señor de los Ejércitos» (Mal 1,11). • En resumen: Los primeros escritos canónicos (San Pablo) y los autores cristianos de los siglos I y II están completamente de acuerdo con la doctrina católica del siglo XXI: «La Misa es el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo baja las apariencias de pan y vino.» • SEGUIRÁ.- (EL SACERDOCIO) - M.S.G. – 13-3-26.