Espacio destinado a dar noticias sobre Prado Nuevo, lugar de manifestación de la Santísima Virgen María, como Virgen Dolorosa. "Todo el que acuda a este lugar, recibirá gracias muy especiales" (mensaje 1-1-2000) BENDICIONES
viernes, 20 de febrero de 2026
A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (12)
A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (12)
(Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”)
• CONTINÚA: (Sobre el Vicario de Cristo)
• 3. Perennidad del Vicario de Cristo.
• El Sumo Pontificado, conferido a San Pedro, no debía terminar con su muerte. Es evidente que la Iglesia, establecida por Jesucristo para la salvación de los hombres, debía subsistir hasta el fin de los siglos; si es que estaba destinada por Jesucristo para procurar la salvación de todos los hombres.
• Pues, de igual manera, debe subsistir el Sumo Pontificado, que Jesucristo confirmó a San Pedro. En efecto: si la Iglesia tuvo necesidad de un Pastor y Jefe Supremo, de un vínculo visible de unidad en sus principios, cuando los fieles eran aún poco numerosos; cuánto más necesario debería ser en los siglos posteriores, cuando la Iglesia se hallase extendida por toda la tierra.
• Ahora bien, San Pedro no podría ejercer personalmente este ministerio hasta el fin del mundo, pues era mortal. Por eso el poder de Pedro, o sea su oficio y autoridad universal sobre todos los fieles y todos los obispos, debía ser transmitido a sus sucesores.
• 4. Resumiendo.
• La persona de Pedro —por pura y libre voluntad de Cristo, no por necesidad alguna— ha de ser para la Iglesia lo que los cimientos son para el edificio: la base, lo primero y más importante, el principio de cohesión, de unidad y de firmeza. Si el fundamento se dividiese, la casa se agrietaría y desharía en otras tantas partes.
• Pedro ha de ser también el portador de las llaves, el virrey, el hombre a quien se confía el supremo cuidado de todos y de todo. Y, por último, el que ata y desata, el árbitro plenipotenciario para decidir.
• Es, pues, la persona de Pedro, revestida con la suprema Autoridad, quien ha de dar a la Iglesia cohesión y pervivencia firme; quien ha de defenderla, con la unidad de dirección, de sus enemigos exteriores.
• Autoridad que ha de ser suprema y en todos los órdenes, no para destruir o cambiar, claro está, sino para robustecer la Obra de Cristo; de lo contrario no sería él el fundamento. Su autoridad estribará en la de otro. Y lógicamente—pues la Iglesia durará hasta el fin del mundo tal y como la fundó Jesucristo—tal autoridad suprema y universal pasará a los sucesores de San Pedro: Los Papas.
• SEGUIRÁ, CON LA VIRGEN MARÍA.- M.S.G. – 21-2-26.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario