jueves, 23 de abril de 2026

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (42)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (42) (Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”) • SIGUE, LA JUSTIFICACIÓN, FE MÁS OBRAS. • 1. Cuándo no valen y cuándo valen nuestras obras buenas. • Ciertamente somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios, y limpiados de todo pecado por la sangre de Cristo; porque todas las obras y todos los esfuerzos de todas las criaturas no son suficientes para limpiarnos del más mínimo pecado y merecernos la justificación; y solamente puede hacer esto la gracia de Dios, que se nos da gratuitamente por los méritos de la sangre de Cristo. • Es decir, que por mucho que nosotros hagamos con nuestras solas fuerzas naturales, no podemos merecer dignamente la gracia de Dios. Esta es de un orden completamente sobrenatural. San Pablo afirma: «...y somos justificados por el don de su gracia» (Rom 3,24). Ahora bien; una vez santificados por la gracia de Dios, El quiere que cooperemos a conservar en nosotros esa gracia, con las obras buenas que El desea realicemos. • 2. Explicación católica y protestante. • De nuestra parte, la fe es una verdadera colaboración a la obra divina de nuestra plena justificación. Y no es colaboración en cuanto que nosotros solos pongamos el acto de fe, para que Dios luego coopere otorgándonos la justificación; sino que el mismo acto de fe nuestro no puede ser producido, sin la ayuda divina. Por tanto, nuestra cooperación con Dios comienza en el mismo camino que conduce a la justificación, y que somos incapaces de andar solos; pero con la ayuda de Dios lo andamos. Los protestantes, por el contrario, dicen que de ninguna manera lo andamos. Dios lo hace todo, nos lleva en brazos, y nuestra única actitud es la pasiva, dejarnos llevar en un acto de plena confianza (fe fiducial). • 3. Visión sintética de la doctrina católica de la justificaclón. • Dios toma la delantera: llamamiento a la gracia. • El hombre responde al llamamiento: fe y obras, que le preparan a la justificación («mérito de congruo»). Aún no soy «verdadero hijo de Dios»; pero en vista de mi buena voluntad, Dios se siente inclinado a valorar mis obras. • Dios interviene de nuevo: justificación por la gracia: remisión total de los pecados, regeneración interna y vital. • La justicia, concedida al hombre, le impone la obligación y le confiere el poder de practicar buenas obras («mérito de condigno»). Ya, como «hijo de Dios», mis obras merecen ante Dios. • Dios corona su obra, confirmando para siempre el estado de justicia del que muere en gracia: justificación declarativa y escatológica (que reconoce la justicia del que murió en ella). Fin. • SEGUIRÁ, SAN PABLO PIENSA IGUAL QUE EVANGELIOS.- M.S.G. – 24-4-26.

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